LOS QUE DEBEN SER ABORRECIDOS
No le temo al rufián qe vocifera,
ni me asusta el tronar q’el rayo imprime.
El sollozo de un niño me comprime,
porqe verlos contentos yo qisiera.
Cuando me hallo de frente a una ladera
esta no me intimida en lo más breve,
ni pensar si por ella uno se atreve
la posible lesión qe no espera.
Inclino el rostro al señalar respeto
y ayuda doy sin serme reqerido,
porqe en mi profesión eso es decreto.
Mas, qien sirve a un tirano mal nacido,
qien se vende a un despótico sujeto
no merece el perdón ni arrepentido.
Manuel I. Aparicio Paneqe
El Autor considera que no es
necesario el uso de la u
entre la q y la e.
