EN APOYO A LOS EMPLEADOS DEL CONDADO
Hacer el balance de un presupuesto es una de las cosas más fáciles de lograr. El Condado de Miami-Dade practica las mismas normas que nuestras familias y comerciantes locales: sólo gastamos lo que ganamos y gastamos menos cuando atravesamos tiempos difíciles.
Pero es a la vez una de las cosas más difíciles de llevar a cabo. Al igual que cuando una familia, debido a una pequeña reducción de sus ingresos, se ve forzada a escoger entre pagar las medicinas o pagar la hipoteca, nuestro gobierno se ha visto obligado a hacer recortes a programas importantes que afectan, y en ocasiones salvan, vidas.
Tenemos la fortuna de contar con empleados asombrosos y dedicados, como las personas que patrullan nuestras calles y apagan nuestros incendios, los que rescatan nuestras mascotas extraviadas y los que cuidan de nuestros parques. Y en los momentos en que nos hemos visto forzados a cancelar servicios vitales debido a la reducción drástica de nuestros ingresos, estos empleados se han negado a permitir la pérdida de servicios. En cambio, han trabajado de conjunto con sus sindicatos y nuestro gobierno para aceptar nuevos contratos que incluyen concesiones sin precedente. Están pagando más que nunca por los seguros médicos, se han privado de aumentos de salarios y han renunciado por completo a ciertos tipos de pagos. En general, gastaremos $208 millones menos por concepto de salarios de personal gracias a estos nuevos contratos y esto sin contar que aún faltan negociaciones por concluir con las dos últimas uniones, de las diez con que contamos.
Todos han demostrado un gran liderazgo y responsabilidad cívica. Para todos nosotros ha sido muy difícil solicitar estos sacrificios pero todos estamos orgullosos de que nuestros empleados, de manera abrumadora, estuvieron de acuerdo en compartir nuestra carga colectiva y enfrentar nuestros retos unidos como un colectivo.
He prestado servicios a esta comunidad durante toda mi carrera como funcionario público y nunca antes he visto tales concesiones por parte de ningún Alcalde, de ningún Administrador, ni Comisión ni sindicato; ni del Condado, ni de la junta escolar ni de la Ciudad de Miami.
Es cierto que nuestros empleados se percataron de lo que algunos pesimistas en esta comunidad prefieren ignorar: para un problema de esta magnitud no existen las soluciones simples. Podríamos habernos rehusado a negociar con nuestros empleados y haber impuesto unilateralmente medidas más rigurosas. Podríamos habernos enfrascado durante los próximos años en una relación controversial y amarga con nuestros propios empleados públicos, rebajando los salarios sin la promesa de conceder un pequeño ajuste en el 2011 para poder compensar el alza en el costo de vida.
Pero rechazamos esa estrategia y dimos el ejemplo al compensar la posición de intransigencia en los salarios con una postura humanitaria hacia las 29,000 familias que prestan servicios al Condado de Miami-Dade. Prestamos atención cuando la población solicitó que se mantuvieran fijas las tasas impositivas a pesar de que dicha medida crearía un faltante de $400 millones en el presupuesto; también decidimos no compensar ese faltante en su totalidad a costa de los conductores de camiones de recogida de basura o de los reparadores de tuberías de alcantarillado.
Podríamos haber retirado los ingresos de las personas de manera indefinida sin mirar hacia el futuro; podríamos haber apagado la luz al final de este túnel extenso. Pero el decir simplemente que “no” no es una manera de dirigir – es sólo un sonido vacío. A algunas personas les gustará escucharlo pero no es una verdadera solución.
Muy a menudo actuamos con presteza a la hora de criticar a los funcionarios públicos. En un gobierno cuyos empleados conducen ambulancias, alimentan a los ancianos y reparan los baches de las vías públicas, algunas personas se aferran a la imagen de empleados del condado cuya única labor es la de empujar papeles burocráticos entre las paredes de una oficina. Es más, el Condado de Miami-Dade tiene menos cantidad de empleados por residente que los que hemos tenido durante al menos 15 años. Después de hacer el ajuste por la inflación, la cantidad de dinero que cada residente paga por el costo del gobierno es más o menos la misma que hace una década y es un 13 por ciento menor que en 1994 – a pesar de que hemos añadido servicios como el Centro de Respuestas 3-1-1 y el programa “Building Better Communities” destinado a invertir en nuestra infraestructura.
Estamos orgullosos de trabajar para los residentes de la mejor comunidad del mundo y me siento honrado de ser uno de los empleados del Condado de Miami-Dade. Nuestra promesa es que continuaremos trabajando en busca de formas creativas de sacar el mayor provecho a cada dólar de impuestos, a utilizar nuestros mejores talentos para enfrentarnos a los retos más difíciles y nos comprometemos a nunca conformarnos con oraciones de una línea disfrazadas como solución.
