REEDUQUEMOS AL DELINCUENTE JUVENIL
El pandillerismo y la violencia juvenil se han venido incrementando en los últimos meses cada vez con mayor frecuencia y más intensidad criminal.
Las voces de ricos y poderosos empresarios, verdaderos dueños del poder económico y político del país, se ha dejado escuchar con acentuada ansiedad en sus palabras: por primera vez han dejado descansar sus palos de golf para intercambiar ideas, no sólo con sus colegas del club, sino con aquellos políticos a los cuales favorecen con sus cuantiosas donaciones en tiempos de campaña electoral. Es posible que estén meditando que atesorar riquezas como objetivo central de sus vidas de nada les servirá, ni siquiera para dejarlas como herencia a sus hijos y nietos.
Ha llegado el momento de establecer el Plan de Reeducación Penal por cuya consecución hemos venido luchando hace muchos años. Su realización se ha frustrado por el egoísmo y/o protagonismo de algunos miembros y comités bien intencionados de los que he formado y formo parte en la actualidad. También ha influido al miedo escénico que existe de enfrentar a la Unión de Derechos Civiles y otras organizaciones de esta índole, grandes culpables de la pérdida de la moral cristiana inspirada por los patriotas que construyeron esta gran nación bajo el lema In God We Trust; y también porque los jóvenes carecen de la inspiración que representan símbolos patrios como son el escudo y la bandera, esta última constantemente pisoteada y quemada en simples protestas estudiantiles, vituperables hechos respaldados por estas supuestas libertades que no constituyen otra cosa que un libertinaje, origen y fundamento de este cáncer social que ya está amenazando con hacer su metástasis.
Ante esta crisis real sobran los politiqueros ventajistas e incapaces. Lo que necesitamos son estadistas decididos y valientes; confiamos en que aparezcan y pronto.
Hay mucha verdad en la opinión generalizada de sicólogos y sociólogos en cuanto a que es muy difícil reeducar o rehabilitar a los jóvenes o adultos formados en las rivalidades pandilleriles y la cultura callejera; está ampliamente comprobado que la formación del niño entre los 5 y 10 años es lo que forja su carácter y enrumba su vida toda.
Sin embargo, también se ha corroborado que muchos reclusos que han abrazado sincera y apasionadamente una religión, se han rehabilitado. Esto se atribuye a que han sufrido una crisis existencial y de ella prevaleció lo bueno.
Por ello el Plan de Reeducación Penal Juvenil debe como primer paso provocar que el joven que comete un delito sea enviado de inmediato a una cárcel preseleccionada al efecto, de extremo rigor, donde permanecerá un tiempo prudencial durante el cual lo visitará el reeducador asignado a su caso y quien ordenará su ingreso en el Plan de Reeducación en un plazo de semanas, durante el cual el joven sufrirá su crisis existencial.
Como ya lo he expresado en conferencias y en otros artículos míos, este plan de reeducación juvenil contará con personal escogido con sentido de misión y tendrá sus talleres, aulas, bibliotecas, campos deportivos y locales para que los religiosos de todas las agrupaciones puedan brindar sus cultos los domingos.
El trabajo dignifica y crea una conciencia en el hombre muy diferente a la que nos forjamos en las aulas; es cuando valoramos en tiempo y trabajo lo que significa una fruta, una vianda o un vaso de leche. Por ello los reeducandos realizarán trabajos agrícolas; también cursarán su educación secundaria los que no la hayan terminado y una carrera vocacional; los que tengan inclinaciones artísticas se les apoyará en este y en todos los campos de la superación personal. Habrá que aprobar una legislación especial, se tendrán que crear tribunales y reglas especiales para el tratamiento específico de los jóvenes delincuentes; no más libertades bajo palabra para ellos ahora los encaminaremos para hacerlos ciudadanos útiles a la sociedad y a ellos mismos.
Cuando los reeducadores determinen que un reeducando está listo para la libertad es cuando estos alarmados empresarios deben entrar en acción, facilitando un empleo al joven; así habremos establecido un Plan de Reeducación Penal Juvenil que sirva de ejemplo y guía para otros a lo largo y ancho de la nación. Sólo así podremos salvar a nuestros jóvenes, que en cierto modo es salvarnos nosotros mismos.
jose_marmol@msn.com
