PALABRAS PRONUNCIADAS POR EL DR. JOSE ELPIDIO PEREZ-RODRIGUEZ ENEL SEPELIO DE SU
DR. C. ELPIDIO PEREZ-RIVERO
EN MIAMI, FLORIDA
EL DIA 25 DE SEPTIEMBRE DEL AÑO 20006.
En nombre de mi madre, de sus nietos, de mi esposa, y en el mío propio, quisiera darles las gracias por acompañarnos hoy. . Me pareció apropiado decir algo de mi padre. Pensé en pedirle a alguno de sus muchos amigos, ó a alguno de sus hermanos, que dijera algunas palabras, pero hubiera perdido entonces yo la oportunidad de rendirle un ultimo homenaje al hombre al que tanto quise. Hay mucho que se pudiera decir de mi padre, y mucho que yo desconozco. Pero preferiría hablar no del abogado, sino del hombre. Aquellos que lo conocieron saben que fue, sobre todo, un hombre bueno, un hombre honrado y un hombre honesto.. Fue estricto, a veces demasiado, pero siempre más consigo mismo que con los demás. Su rectitude y su probidad a veces irritaban por lo inflexibles y lo intransigentes. A su lado era difícil no proceder correctamente porque su ejemplo no lo permitía. Todavía recuerdo cuando, en 1968, tuve un pequeño percance automovilístico con el primer carrito que había comprador papi, un Volkswagen azul. Habíamos ido un grupo de amigos de la secundaria al Viejo Lindsey Hopkins a un asunto del colegio, y al salir, por imprudencia mía de novato, quise pasar por un lugar demasiado estrecho y arañé un carro que estaba parqueado allí y que resultó ser de la tía de uno de los amigos que iba conmigo. Al contárselo a mi padre, y a pesar de que yo había dejado una nota en el parabrisas con todos los datos, me hizo ir con él a la casa de la señora para ofrecerle una explicación y decirle que asumíamos toda la responsabilidad por lo sucedido. Vivió con una modestia extrema. Siempre sostuvo que él no había venido al exilio para hacer fortuna, sino por las condiciones imperantes en su país. No tuvo jamás propiedad alguna aquí, ni lo motivó nunca el ánimo de lucro. Recién llegados de Cuba en 1966, rechazó la oportunidad de trasladarse a Kansas a un curso de bibliotecario que le ofreció el gobierno porque decía que su camino estaba hacia el sur, no hacia el norte. No quiso participar de los cursos de reválida de la abogacía que ofrecían para los cubanos entonces porque mantenía viva la illusion de que su estancia aquí era transitoria y prefirió trabajar en imprenta, oficio que aprendió en Cuba desde su niñez y que le permitía vivir lo que el llamaba “vida marginal”. A pesar de todo, me costeó fundamentalmente la carrera de medicina en España e hizo possible que pudiera ejercer mi profesión sin el peso de deuda alguna.. Fue un enamorado de Cuba y de las cosas cubanas. Vivió consumido por el tema de su país y le dedicó todo su esfuerzo y sus últimos pensamientos. Hasta hace poco escribió una columna en el periódico Libertad donde expuso su tesis sobre el problema cubano. Fue un defensor incansable del concepto de que Cuba debía sakur de este trance sin ataduras y sin restricciones de su soberanía nacional. Le molestaban enormemente los cubanos que se arrepentían de su origen y desbarraban de todo lo cubano. Tenía una expresión para ellos, les llamaba “pájaros que se cagan en el nido”. Estaba orgulloso de ser cubano, y llevaba su cubanía como estandarte. No quiso nunca renunciar a su ciudadanía de cubano y, como salimos de Cuba por Méjico, nunca su pasaporte fue declarado nulo. Tan fuerte y tan público era su sentimiento de cubanidad, que en el reverse de su tarjeta de presentación, desde siempre, inscribió una paráfrasis del padre Félix Varela que decía “he vivido en los Estados Unidos de Norteamerica por más de 30 años, aunque no soy ciudadano ni lo sere jamás, por haber formado una firme resolución de no serlo de país alguno de la tierra desde que circunstancias desdichadas me separaron de mi patria y aunque no pudiera volver a ella creo deberle un tribute de cariño y de respeto no uniéndome a ninguna otra”. Una vez le dije que me parecía demasiado, pero le dolía profundamente la suerte de Cuba y de los cubanos. Hay quienes sienten por ellos y por los demás, y mi padre era de esos. En este deambular por la vida, con sus desengaños y sinsabores, me recuerdode unos versos del poeta mejicano Salvador Diaz Mirón que le gustaban y que me citaba con frecuencia: “los claros timbres de que estoy ufano han de salir de la calumnia ilesos, hay plumajes que Cruzan el pantano y no se manchan… ¡mi plumaje es de esos!”. Los que conocieron de verdad a mi padre saben que nunca profesó mucha religiosidad. Pero si existe un lugar para los hombres decentes, para los hombres íntegros y honestos, para los hombres Buenos, en fin, mi padre está allí.
De Nuevo, gracias a todos por acompañarnos y por sus muestras de afecto y de solidaridad.
