La noción de La Tierra, y no confundo,
era distinta a la qe tengo ahora;
antes la tarde parecía una aurora
y los días no eran un segundo.
Dentro de esa niñez lo más fecundo
ya sabía de aqello qe nos dora...
la más pura y perfecta surtidora
qe haya puesto El Señor en nuestro mundo.
La qe en su seno forja la existencia.
La qe vive muriendo de alegría
para qe tome nuestro ser vigencia.
La qe limpia de abrojos nuestra vía
con la luz qe ilumina la conciencia.
Esa...la qe llamamos: Madre mía.
Manuel I. Aparicio Paneqe
El Autor considera que no es
necesario el uso de la u
entre la q y la e.