LA SALUD EN GRAVE CRISIS
Somos el país con más adelantos científicos, mejores médicos y hospitales además de contar con los mejores laboratorios y la más alta calidad en las medicinas. Sin embargo, la Organización Mundial de la salud en un análisis de 191 Sistemas de Salud nos sitúa en el número 54 a la par de las islas Fiji en el orden de la atención médica.
Nadie se explica como en el país más rico y poderoso de la tierra existan casi 50 millones de personas sin protección de salud, tampoco ningún ciudadano de los países industrializados aciertan a comprender la razón por la cual cuando estos se retiran después de haber trabajado y contribuido a la Seguridad Social 40 y hasta 50 años tienen que pagar por sus medicinas, y cubrir el 20 por ciento de los costos médicos y de hospitalización.
Las personas mayores afrontan una situación terrible, muchos que optaron por ingresar en corporaciones como las HMO están en un callejón sin salida, en la mayoría de ellas que en un principio pareció solucionar en parte esta grave crisis que afrontamos con la salud, en la actualidad están frustrados, ya que con los sucesivos recortes que el Medicare ha venido aplicando muchos de estos centros han optado por excluir a los asociados con enfermedades o “previous conditions” y reducir los referidos a especialistas y más aún a los hospitales, recetando medicinas genéricas y en muchos casos con los llamados copagos.
Para hacer un paragón muy simple y comprensible para cualquier mortal, voy a retrocederme a la Cuba de los años 50 antes de la llegada del Castro comunismo al poder, un país según la denominación existente entonces, del tercer mundo.
En Cuba existía una protección de salud para los pobres que acudían a las Casas de Socorro, los hospitales locales, el hospital nacional “Calixto García” y las Clínicas de Maternidad Obrera más los numerosos centros operados por los Sindicatos Obreros para sus asociados.
También contábamos en Cuba con los Centros Regionales tales como: Hijas de Galicia, Centro Gallego y Centro Asturiano, todos ellos con excelentes clínicas y total protección de salud, además de ofrecer a sus asociados Escuelas Vocacionales, Clubes de Entretenimientos, Cafeterías y Restaurantes en sus locales y en las playas, así como salones para exposiciones, bailes y fiestas, todo esto por solo $2 mensuales por asociado. Lo que más abundaba eran clínicas como la Cooperativa Médica de La Habana, radicada en Santo Suárez, la Clínica Miramar, la Clínica Antonetti del Vedado y muchísimas que harían interminable esta relación.
El costo por persona de la Clínica Antonetti a la que mi esposa, mi hijo y yo pertenecíamos era de solo $3 por persona y cuando me opere ya adulto de las amígdalas, me dieron un cuarto privado y mi esposa dormía enfrente a mí en una cómoda cama. Los médicos venían a nuestra casa para continuar el tratamiento hasta su curación y la relación medico-paciente que según psicólogos es lo principal de la curación, existía profundamente, eran nuestros amigos y consejeros. Hoy esto no existe, el sistema lo ha destruido totalmente.
Si lectores y lectoras amigos míos, quizás no sabíamos lo que teníamos y aunque prácticamente el capitalismo y la libre empresa, también contábamos con una justicia social, un equilibrio entre la ambición por el dinero y el amor al prójimo, el culto a la amistad y el amor a la familia.
Ojalá que lejos de seguir complicando el grave problema de salud, algo tan simple de solucionar, en vez de manipular las informaciones, alguien con estatura de estadista y suficiente coraje y valor resuelva a fondo este grave problema de la salud.
jose_marmol@msn.com
