Por tu rostro las lágrimas bajaron
como el mar sobre abrupto promontorio,
en la tarde infeliz de tu casorio;
el qe tus padres contra ti ajustaron.
A escondidas las horas nos pasaron
viviendo entre prohibido e ilusorio
aqel amor qe resultó expiatorio
cuando el pueblo al saberlo condenaron.
Asignada después a hogar sombrío
la desdicha sembraron en mi pecho
hacienda mi vivir dolor y hastío.
Y ahora ruega el corazón deshecho
qe me guardes el alma allí en tu lecho,
qe yo la tuya guardaré en el mio.
Manuel I. Aparicio Paneqe
El Autor considera que no es
necesario el uso de la u
entre la q y la e.