ESTATUA DE LA LIBERTAD
El Martes de la próxima semana, 28 de octubre, se celebrará un aniversario más de la Estatua de la Libertad. La historia de su concepción y final realización es interesante y bella, ya que no fue su autor un norteamericano ni un inmigrante residente de los Estados Unidos, sino un francés profesor de historia nombrado Edouard de Laboulaye quien concibió la idea de construir una gran estatua que simbolizara la amistad entre los dos pueblos, el norteamericano y el francés. .
Laboulaye, que además de profesor y escritor, reunía en su residencia cerca de Versailles en París a una pléyade donde destacaban jóvenes famosos en las artes y las letras: entre éstos estaban el joven escultor Frederick Auguste Bartholdi, ya famoso, que había esculpido obras de gran majestuosidad, y fue allí donde se concertó el proyecto que Bartholdi aceptó con gran entusiasmo. .
Ya iniciada su tarea, Bartholdi tuvo que marchar al frente con motivo de la guerra en que se enfrascó Francia contra Rusia. No fue hasta seis años después que el escultor pudo reiniciar la obra de la que se había enamorado hasta el fanatismo. Para concretar lo que había concebido de esta escultura, Bartholdi hizo un viaje a Estados Unidos. Durante los 13 días que duró la travesía en barco se saturó de ideas sobre cómo sería el monumento; éste sería un cuerpo de mujer que reflejara fortaleza; en lo alto de su brazo derecho llevaría una antorcha, en su mano izquierda un libro que tendría la inscripción “4 de julio de 1976”, fecha en que se proclamó la independencia nacional, y finalmente en la cabeza, una gran corona de siete picos que simbolizaría los siete mares y continentes. Bartholdi fue recibido por Ulysses Grant, a la sazón presidente de los Estados Unidos, quien acogió la idea con gran entusiasmo y también el sitio donde sería colocada la colosal estatua, que fue escogido por el propio Bartholdi al ver la isla Bedloe a la entrada de la bahía de Nueva York y comprobar que era un lugar por el cual tendrían que pasar millares de personas diariamente. Bedloe, en 1956, cambió su nombre por el de Liberty Island. Para sufragar los gastos de la construcción de la estatua se efectuó una colecta popular, pero ésta no tuvo ésta éxito. Al principio su recaudación marchaba pobremente hasta que Joseph Pulitzer, editor del periódico New York World, le dio un vigoroso impulso a la misma desde las páginas del diario y hasta él mismo hizo una generosa donación personal, lo cual permitió cubrir los gastos del proyecto. Después de muchas peripecias la obra fue terminada y Bartholdi embarca con la estatua para Norteamérica, a bordo del barco Isere, llegado a Nueva York el 17 de junio de 1885. Noventa y tres barcos y una multitutud impresionante le dieron la bienvenida. También el presidente Cleveland expresó su gratitud al pueblo francés por el obsequio, declarando:
“Aquí hallarán libertad y oportunidad los inmigrantes que vengan buscando refugio y amparo”.
No fue hasta el año 1903, cuando la escultora Georgina Schuyler esculpiera los famosos versos de Emma Lazarus en la base de la estatua, que estas estrofas alcanzaran celebridad universal. Las mismas rezan así:
Dame a tus afligidos, a tus pobres.
A tus oprimidos que anhelan respirar en libertad.
A los desdichados de tus abarrotadas playas
Mándame a ésos, los desamparados, los abatidos.
Que yo les levantaré mi antorcha junto a la puerta dorada. .
Esta inscripción, que leí con la emoción de todo desterrado o inmigrante que ha dejado atrás hogar, familia y patria, estos archifamosos versos ya no están allí. La inscripción ha sido inexplicablemente arrancada de la base de la estatua con el pretexto de su reconstrucción, pero no se les devolvió a su lugar. Me extrañó mucho no verla en esta ocasión que visité Nueva York y me pregunto si no será un aviso de que la Señora Libertad se ha enojado con nosotros los inmigrantes y ya no nos da esa bienvenida que acostumbraba. .
Cuando este 28 de octubre se celebren los festejos que siempre se efectúan en la bahía de Nueva York para rendir tributo a la Estatua de la Libertad, muchos neoyorquinos alzarán una plegaría para que no se apague jamás ese mensaje lleno de fe y esperanza para los perseguidos por motivos políticos y religiosos que simboliza la Señora Libertad con su antorcha en la mano derecha, alumbrando el camino de aquéllos que renunciaron a vivir oprimidos o perseguidos por sus ideas.
Feliz aniversario y vida eterna a nuestra Señora Libertad.
